Cuando no sepas cómo comenzar,
dibuja un garabato sobre el papel.
Y si no tienes papel,
dibújalo en la mente.
No necesitas ser científico
para encontrar respuestas imposibles,
ni matemático
para resolver aquello que no tiene número.
A veces, un simple trazo desordenado
dice más que una explicación entera.
No necesitas ser filósofo
para preguntarte quién eres.
La respuesta vive escondida
en las cosas que callas.
Y cuando el cuerpo siga respirando,
pero el alma se sienta cansada,
haz un garabato en tus pensamientos:
tal vez ahí permanezca algo de ti.
Si el miedo aparece, garabatea.
Si el ruido de las voces te rompe por dentro,
comienza otra vez desde cero.
Porque incluso las ideas,
las historias
y los mundos que imaginamos,
alguna vez fueron solo líneas torcidas
sin sentido aparente.
Por eso empieza desde un garabato,
y convierte el caos
en algo único.