Soy un poeta que grita en el vacío,
sin sueño a qué aferrarse,
y sin dios.
La gramática gravosa de mi verbo
ya descansa en paz…
En la nebulosa grieta,
donde respira mi alma,
hubo una vida trepando
los arcoíris del porvenir
que perdieron su temple,
después del último aguacero.
En las milimétricas palabras, que dicta
el subconsciente a mi verdadero latido,
se extravió lo que encanta.
Es aquello que está ahí,
que no computa la retina,
porque son demasiadas
las palabras inútiles,
que está vaciando
el abecedario…
Allá,
en el último soplo;
En el latido existencial
de mi memoria
quedan unas señas,
que se olvidaron
de los seres que están
oxidando el tiempo.
Desde entonces,
soy un poeta inútil,
descifrando signos
en las paredes agrietadas
de mi mente…