Algodón desde mi ventana,
en el cielo, este trozo
de cielo que recorta,
y un avión entretanto,
mosquito a destiempo,
polvo de queroseno entorno,
corrompe este trance,
cómo puede la convección
del aire sostener tamaña borregada.
Algodón, no de feria,
de mil formas, un color,
abultamientos azarosos
salpican mi paisaje,
día de permiso, sol a raudales.
Algodón de azúcar —ahora,
para mí—, y la Naturaleza
me vuelve a seducir con su magia,
su capacidad de modelar
lo inmodelable, y otro avión
que vuelve a hacer de las suyas
atraviesa por dentro, no se ve,
la globulosidad borboteante
de este cúmulo, inmenso,
pesadísima pluma.
Gozo, agradezco el azar
que me lleva a esta ventana,
a este cuadro colgado
a mi izquierda según duermo,
sin alcayata, sin precio.