R.

Verdad y mentira

¿Qué estará pensando?

Tal vez alguna mentira,

porque para mentir

no hace falta pensarlo demasiado:

la mentira corre ligera,

se improvisa en la marcha

como quien tapa un incendio

con palabras prestadas.

Pero la verdad…

la verdad sí se piensa.

Se mastica despacio,

se mide,

se duda,

porque nunca sabemos

si será bien recibida.

Y entonces elegimos

la mentira disfrazada de verdad,

esa que sonríe bonito

para no herir,

para no romper el silencio,

para no mostrar el rostro desnudo

de lo que realmente somos.

Cuántas verdades

se nos quedan atrapadas en la garganta,

cuántas veces nos tragamos el alma

solo para no incomodar al mundo.

Porque decir la verdad

a veces se siente como saltar al vacío

sin saber quién estará abajo

para sostenernos.

Y mentimos.

Mentimos porque el alivio inmediato

parece más amable que la consecuencia.

Porque una mentira aceptada

duele menos al instante

que una verdad rechazada.

Pero toda mentira

es un refugio con techo frágil,

y tarde o temprano

la verdad encuentra la grieta

por donde volver a entrar.