El libro es una catedral viviente,
la salvación que vibra de saber;
busca en la fuente de agua bendita
las hojas de luz que expanden la mente.
¿Acaso arde el libro perpetuo y ausente?
Sus cenizas son testimonios del más allá,
capaces de elevar la voz atrapada y oculta
para que el hombre sepa de su inmortalidad.
La pasión exige ser sentida
para revelar que el polvo renace
en ideas de belleza descendidas
de la llama mensajera del Creador.
Brota el humo blanco desde la hoguera,
don del cielo que sacrifica el libro.
El fuego abraza el principio y el fin,
mientras la divina energía lee en paz.