Cuando el alba despierte
me ha de encontrar dormido
bajo tus ramas verdes,
sobre los pastos secos
y entre la brisa agreste.
Sobre un peñasco liso
reposará mi frente.
Yo absorberé tus sueños
de aceitunas y aceite
con sabor milenario
de guerras y de muertes.
De fatigas y penas
que dejaron las gentes.
Cuando al alba despierte
contemplaré tus frutos
brillando al sol naciente.
Encenderé unas ascuas,
tostaré el pan. Tu aceite
bautizará su miga
como un oro latente
que ungiera vida nueva
para la anciana muerte.
¡Cuando el alba despierte!
Cuando el alba despierte,
será un día cualquiera
¡Igual a los de siempre!
Y al fin de la jornada
con el cuerpo doliente,
sobre la parda tierra,
yo, volveré a tenderme
con mi dura almohada,
bajo tus ramas verdes.
Tú seguirás erguido
en tu lugar de siempre.
Conociendo otras vidas.
Conociendo a otras gentes.
Y una noche lunada,
quizás tú, me recuerdes
mientras dormía exhausto
bajo tu sombra verde.