Se embelesan mansamente ante el foráneo,
idolatran tristemente a quien los pisa,
le dedican alabanza hacia el antaño
y de a poco van perdiendo sus conquistas.
La brutal adulación por los espejos
que los ciegan mientras creen estar viendo
es el manto cobertor de sus reflejos
que los dejará desnudos frente al viento.
Disfrazándose de honor, la cobardía
acapara los espacios ya perdidos.
Van creyendo que la noche ya es de día
Y no logran advertir que están dormidos.