JUSTO ALDÚ

PANAMÁ, SOL Y ARENA

En la costa el sol murmura,
sobre un recio pescador,
y en su callo late ardor
de una patria sin censura.
Panamá alza su figura
como ceiba en el camino,
y en el barro campesino
se hace verbo la semilla,
porque el canto no se humilla
ni ante el filo del destino.

 

Por el monte va la voz,
con machete y con conciencia,
rompiendo la indiferencia,
que nos lanzó la fiera hoz.
No hay olvido entre los dos,
pueblo y tierra van unidos,
y en los surcos florecidos,
nacen cantos de memoria,
que no borran vieja historia,
ni los tiempos más heridos.

 

Corre el río como un cuento
que aprendió de los abuelos,
y en sus hondos desconsuelos
carga siglos de tormento.
Pero al fin, con paso lento,
se hace canto en la ribera,
y la voz se vuelve hoguera
cuando el pueblo la levanta,
porque nunca se quebranta
la verdad cuando es sincera.

 

Y cuando la mar se aquieta
bajo su luna morena,
Panamá que es sol y arena,
se vuelve tambor y veta.
Cada palma es la silueta
de un sueño que no se vende,
porque el istmo aún defiende
su raíz contra el olvido,
y en cada pecho encendido
late un pueblo que trasciende.

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