Dentro de mi sueño le rogué y escuché su dulce voz.
Lloré desconsoladamente, y lo hice por los dos.
Y de mi enorme caja roja, de nuevo huyó,
pues aquella vida juntos, donde supliqué estar unidos por siempre, jamás nos llegó.
Jamás te vi verdaderamente alegre conmigo...
Y muy tarde me di cuenta de que lo daría todo por ti/contigo.
Te extraño tanto, demasiado, diría yo,
que en mi corazón sigues latiendo; y en mi persona, sigues existiendo.
Y aunque ya no nos hablemos, extrañándote lo seguiré haciendo.
Pues en mi alma, en mi enorme caja roja, seguiste creciendo,
recordando el aroma de tus besos y el sabor de tus deseos,
que en mí quedaron, por siempre, fuertemente marcados/impresos.
Y espero y no sea demasiado tarde; encontré mi rival en el adiós,
pues, aunque ya no quieras estar conmigo, del saludo siempre serás mi amante;
y del abrazo, mi mejor amigo;
mi mayor anhelo, a quien más yo estimo.