José Rafael Bautista Roque

MI ENORME CAJA ROJA

Dentro de mi sueño le rogué y escuché su dulce voz.

Lloré desconsoladamente, y lo hice por los dos.

Y de mi enorme caja roja, de nuevo huyó,

pues aquella vida juntos, donde supliqué estar unidos por siempre, jamás nos llegó.

 

Jamás te vi verdaderamente alegre conmigo...

Y muy tarde me di cuenta de que lo daría todo por ti/contigo.

Te extraño tanto, demasiado, diría yo,

que en mi corazón sigues latiendo; y en mi persona, sigues existiendo.

 

Y aunque ya no nos hablemos, extrañándote lo seguiré haciendo.

Pues en mi alma, en mi enorme caja roja, seguiste creciendo,

recordando el aroma de tus besos y el sabor de tus deseos,

que en mí quedaron, por siempre, fuertemente marcados/impresos.

 

Y espero y no sea demasiado tarde; encontré mi rival en el adiós,

pues, aunque ya no quieras estar conmigo, del saludo siempre serás mi amante;

y del abrazo, mi mejor amigo;

mi mayor anhelo, a quien más yo estimo.