El cenicero a medio llenar,
el humo invade el lugar.
El silencio y la lluvia…
dos elementos
que se preparan para bailar.
¿Por qué será
que cuando estamos mal
buscamos la soledad?
Y el cielo parece caer,
como si quisiera decir
“Tranquila…
hoy lloro en tu lugar.”
Como si supiera
que ya no hay lágrimas en esta casa
porque el dolor se volvió hogar.
Se volvió refugio,
que ya no aprieta ni quema,
sino que abraza
la melancolía
de un alma
que olvidó
qué es cantar.