Ausencia.
Las ventanas conservan mugre antigua,
la madera cruje nombres inexistentes,
el reloj mutila minutos sobre yeso.
Se extinguieron quienes preguntaban por regresos,
ninguna fotografía conserva la familia.
Bajo lámparas enfermas
pasillos arrastran respiraciones ajenas,
cubiertos oxidados duermen junto al lavaplatos.
La cena permanece intacta desde diciembre,
moscas atraviesan cortinas percudidas,
la niebla acompaña al invierno.
Afuera continúan vehículos, mercados, campanas,
bullicio, luces, vida;
aquí persiste la herrumbre.
Cartas amarillentas en cajones torcidos,
contienen cementerios diminutos,
las manos al escribir tiemblan…
las madrugadas son interminables,
ninguno vendrá pronunciando alivio,
sangre y cenizas están en ánforas.
Sobreviene silencio,
medicamentos dispersos bajo periódicos,
un televisor iluminando polvo.
La canción materna silenciada bajo lápidas opacas,
el bastón paterno tirado en pisos despintados.
Se esfumaron antiguas celebraciones,
persiste la radio sin batería
donde la humedad habita el dormitorio clausurado,
se distingue en la pared,
una marca de altura infantil.
Las manos huesudas ya no reconocen la calidez,
dos sillas frente a la mesa… una vacía,
el espejo devuelve el rostro que no pregunta,
la cama extiende un lado,
la noche aprende a estar sin compañía.
En el pasillo una luz encendida
que nadie apaga ni enciende.
Luego nada respira,
la desolación del alma merodea ciega entre vivos y muertos,
mientras… solo permanece lo que no vuelve.
xElthan.