La abuela triste en su aposento,
serio en la pared el quieto espejo,
del rostro arrugado y paso lento
devuelve preciso igual reflejo.
Ella evoca haber sido la reina
de esa casa, sus cuartos y antesala,
ve a su hija feliz cuando la peina,
más de pronto una lágrima resbala.
Sueña que la nieta menor llega,
trae una flor, le dice que la ama,
le da un abrazo y la flor entrega,
mientras su hija a comer las llama.
Las lágrimas no remedian nada,
pero el tierno abrazo y la flor
los necesita, se siente amada
¡oh, qué alegría en ese comedor!
Lo que pasa allí no es misterio,
ver a la abuela rejuvenecida
y el quieto espejo siempre serio,
no miente jamás sobre la vida.
Sofanor Bonilla (Chofa)