Jose Antonio Orellana

Niña de veinte años

¡Qué profunda sacudida causaste!

Cayó un pétalo de rosa,

pétalo frío, de reflejos verdes,

y blancos como el marfil,

su carne se parece a la de tu rostro,

impasible, sonrisa liberada.

 

El pétalo yace firme,

ha perdido su fragilidad,

aquella que solo confiere la vida,

desprovisto de color, triste,

como las joyas de los museos,

faltas del calor de los vivos.

 

Siempre habrá un antes,

y un después de esta noche.

 

El pétalo nos arrastra a todos al fondo

porque le dejamos solo,

solo, en un mundo sin amor,

un mundo al que llegó por amor,

el amor más profundo que existe,

el que crea la vida.

 

Nada ha cambiado en el decorado,

Nadie le ha prestado atención.

 

Ahora una rosa solitaria

queda como testigo de la escena,

las persianas están cerradas

y el reloj continua su carrera inútil,

la joven no está muerta,

duerme solamente.