Tengo sed de ser aliento
de pasiones descarnadas,
alimento de claveles
y de lis ensangrentada.
Quiero ser poeta y musa
de la hermosa enamorada,
relicario en que Dios guarda
mis deseos y mi calma.
Quiero ser el complemento
necesario de su luz;
desangrarme en sus ausencias,
¡Que me empalen en su cruz!
Quiero ser la urna dorada
que le arrulle el corazón
cuando ya se haya marchado
con su lírica canción.