Bajo el Sol de la mañana, caminamos en el jardín entre rosas rojas y orquídeas color lila. No necesito imaginar mundos lejanos; me basta con verte aquí, oliendo el perfume de los pétalos. Todo es real, todo es ahora, mientras cuidamos juntos lo que crece en la Tierra.
Cuando nos sentamos a dialogar, tus palabras son claras. Me cuentas tus cosas y yo te escucho con atención. En esos susurros al oído donde entiendo quien eres y quienes somos. No hay misterios, solo tu voz suave que me explica la vida y me hace comprender lo que sientes.
Te busco y siempre estás dispuesta. Me gusta sentir el calor de tu cuerpo, el roce de tus manos y la suavidad de tu piel cuando nos acercamos. Es un deseo dulce, un hambre de estar pegados, donde los besos y los abrazos se dan a cada momento, sin esperar una razón especial.
En la tarde, cuando el ruido de la calle baja, tomó la guitarra. Las cuerdas suenan con una melodía tranquila, que llena el espacio entre los dos. Tu me miras, yo te sonrió, y esa música es el puente perfecto para nuestro silencio. Es un momento de paz, sin nada más que nuestra compañía.
Al final del día, me doy cuenta de que tu cariño me desarma. Tu forma de quererme, tan sincera y sin vueltas, doblega mi alma de la manera más bonita. Tu corazón guía el mio, y en este amor de todos los días, encuentro todo lo que necesito para ser feliz; tu piel, tus besos y tu corazón cubren mi alma...
RIVAS JOSE
Barinas Venezuela
14-05-2026