El hueco
que tu cuerpo deja en mi cama
es tan grande que semeja una sima sin fondo.
En la chimenea
tan sólo quedan algunos rescoldos.
Lloro,
pero no con la amplitud de la tristeza,
sino con el recogimiento de la añoranza.
Transcurre el día
monótono, lento, barato.
Peso los gramos que me quedan de paciencia,
y son tantos como los gramos de cordura.
Me visto de margaritas y amapolas,
salgo al sol a secar mis lágrimas
y a espantar fantasmas.
El té reconforta mis dedos helados.
Te invoco bajito cerrando los ojos,
entro a encender la chimenea,
la cama hecha,
la mesa puesta,
y tu ausencia tatuada.
Huele a leña, espliego y menta
Vienes?
Te espero.
Firma: La impaciencia