Se apagó la tarde gris,
en los patios de invierno.
Y tu sombra se alejó,
por la orilla del tiempo.
Las cartas que conservé
fueron perdiendo el sentido;
Ya no sangran las heridas
ni provocan mis suspiros.
Déjame nombrarte aún,
aunque ya no estés conmigo.
Déjame buscar tu voz
donde duermen los olvidos.
Mientras el tiempo, despacio,
va borrando lo vivido;
como la lluvia las huellas,
como la niebla el camino.
Ya no existe memoria
que sobreviva al invierno,
cuando el alma ya no busca
refugio en los recuerdos.