Libros que cantan y lloran
con su letra y tierno ruido;
en el tiempo ya perdido,
las horas vacías doran.
Hojas caídas añoran
ser los guías; no han podido.
Por el viento del olvido,
en ideas se evaporan.
Tristes obras que hoy ignoran,
pasan sin haber dolido,
sin el mundo haber salido,
y su propio fin deploran.
Libros en llamas imploran:
¡no arder sin ser ya leído!,
sufre al no ser percibido...
Son huellas que siempre moran.