Qué egoísta es un libro,
al enseñar solo lo mínimo.
Qué bellas sus letras,
danzando en medio
de una tormenta.
Qué breve resumen,
qué extenso final.
Cada página nueva
borra la antigüedad.
Qué egoísta fui
al juzgarte a ti.
Pues tú me enseñas
a no vivir
palabras vacías,
sino hechos de existir.
Avanzas a tu manera;
enséñame la espera.
Pues no importa mi ignorancia,
porque no soy solo yo
en esta vida
un poco amarga.