Y comprendí, demasiado tarde,
que algunas ecuaciones
no fueron hechas para resolverse,
sino para arder lentamente
en la memoria del universo.
Entonces la noche cerró sus libros.
Las estrellas comenzaron
a caer una por una
dentro del agua.
Y alguien escribió tu nombre
en el margen invisible
del último sueño de Dios.
Daniel Omar Cignacco © 2026