Apareciste de la nada.
Sin saberlo, mi corazón te aclama;
mi visión se deleita ante tu caminata.
Mi bella dama, hablarte sin pausa
me es imposible, pues caí en tu mirada.
Tus ojos tan bellos, que me miran sin nervios...
Ante ti me paro yo, no para hablarte, sino
para conquistarte con mi voz.
No será suficiente, inalcanzable te veo yo;
quizás con una canción y flores de corazón
nazca en ti un sentimiento por este,
tu fiel admirador.