En ninguna relación el egoísmo hace participación como tal; mucho menos al llegar al culmen del adiós. Claro, si es posible darse. Ambos se reservan, gradual y resentidamente, una alusión. Podría ser que él le reserve un poco más de fe hacia su amor; podría ser que ella le reserve una frustrada lumbre de fe. En todo caso, ambos se reservan lo que no expresaron o lo que no hizo falta. No obstante, en el peor de los casos, el reservorio más pavoroso y, en sí, apabullante… es y será el olvido.