El desamor sabe a bruma;
sabe a erosión agresiva,
con esa sutileza que causa heridas,
así llega su sabor... a historias mediocres.
El dolor se apropia de los adioses
para entender la ausencia,
aunque se miren reflejos
o fantasma en el pasillos.
El llanto se cansa de rodar
¿Qué gana al tocar mis mejillas?
Me llena de sarna la mirada,
de cólera la sonrisa.
El grito se adueña de la soledad;
conoce aquella silueta seductora,
esa que deja sin alma a cualquiera
que esté dispuesto a arrancarse el corazón
en un solo movimiento.