Cuenta la leyenda
que hubo alguna
vez una gota de lágrima
que no estaba
dispuesta a desafiar
los límites
de la gravedad.
Pero sucedió un día
en el que había mucha
muchedumbre
fantasmal
que estaba confundida;
no sabía cuál era más
acogedor:
si el lugar de donde
estaba o si el abismo
que el destino le preparaba;
si era más frío
el sudor de la frente
o el del suelo.
Y allí halló la respuesta
en una habitación
sobrecargada de un
frío silencio,
dejó su rastro a toda
prisa
por toda
la mejilla;
y deslumbró por una última
vez con su agua
pura
el ojo.
Al caer al suelo,
sintió que su labor
ya fue cumplida,
pero no fue
como lo pensaba:
el piso estaba algo caliente
y oscuro.
Miró y miró hacia arriba
y vio con horror
cientos de gotas
cayendo en caída
libre hacia ella.
La estremeció tanto,
no solo por el
hecho del peso
de las demás gotas,
sino porque
él,esa misma
noche, le dijo
que sería la última