Mil vaggio

El arriero.

 

 

Olvidado entre montañas y selvas, entre la espesa hierba y un cielo infinito, camina el arriero, con un caballo manso que llama Bucéfalo. Desconoce el origen del nombre, solo cree que lo soñó, que se soñó con su caballo conquistando Grecia. Silva, su silbido se escucha en otro plano, jala la rienda de su caballo por el camino real, es un camino que ya nadie camina. Se detienen frente a un pozo y escucha a lo lejos que alguien grita Alejandro, mientras Bucéfalo relincha inquieto. El arriero retoma su camino, va al frente y jala por detrás a su caballo. Este camino no tiene fin, por más que ha andado no llega a ningún lado. Él no lo sabe, pero los dioses se han ensañado con su espíritu, Alejandro no intuye que su pena es infinita y recomienza.