Dicen que existía un lugar donde las puertas no tenían miedo, y la gente caminaba despacio sin sospechar de la sombra de nadie.
Dicen que las noticias no llegaban cubiertas de sangre, que los niños aprendían primero el nombre de las flores y no el de las guerras.
Yo nací entre alarmas, noticias de masacres y ciudades cansadas de prometer futuros que nunca llegaron.
Por eso imagino ese mundo imposible como quien inventa un idioma para sobrevivir:un sitio donde el amor no sea resistencia y respirar no parezca una batalla.
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Rafael Blanco López
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