FIN DEL CAMPO
Llega un momento en el que el sol
apenas se asoma
por encima del cañaveral
y su reflejo en el agua estancada,
y de las colinas de cuarzo
que están en lo alto: es que se está despidiendo
con un deje de melancólica, de triste nostalgia
en el pecho, pero también orgulloso del éxito
cosechado a lo largo del día.
Un momento después ya se apaga,
la montaña se pierde del todo a lo lejos
tras una especie de niebla que borra
los contornos más firmes, los perfiles más nítidos.
La agonía se muestra redonda,
el deterioro resulta completo.
Gaspar Jover Polo