No es el reloj quien dicta el camino,
ni el eco lejano de lo que se fue,
es el hilo invisible, sutil y divino,
que amarra tus pasos a lo que hoy se ve.
El mundo suspira en un breve destello,
un mapa que escribes sin tinta ni piel,
y en cada silencio, lo más puro y bello,
es verte de frente y lograrte ser fiel.
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