Los que fueron
No pesa el cuerpo: pesan los que fueron.
En el hueco del hombro tiembla un rostro
que no viste jamás y te reclama.
Somos la cicatriz que no elegimos,
el pulso de una fiebre que no es nuestra.
Hay manos que jamás se conocieron
y esta noche, enlazadas, hacen patria.
Hay bocas que callaron una ofensa
y hoy besan con sabor a calma antigua.
Amarte es desandar un laberinto
donde otros se perdieron para siempre.
Es recoger el hilo de una herida
y anudarlo a tu pecho.
El hilo cede.
Al fin la historia afloja.
Dos sombras eligen, y basta.
Antonio Portillo Spinola ©️