Andrés DC

Seguir como si nada...

Hubo un momento en que entendí

que seguir no era lo mismo que estar.

 

No pasó nada concreto.

No hay una escena a la que volver,

ni una frase que lo explique mejor

que todo lo demás.

 

Simplemente algo

dejó de ocupar su lugar,

aunque por fuera

todo siguiera funcionando.

 

Y funcionaba.

 

Sabíamos convivir,

sabíamos cuidarnos,

sabíamos sostener

lo que habíamos construido.

 

Y eso, visto desde fuera,

parece suficiente.

Pero no siempre lo es.

 

No es fácil decirlo

sin que suene a falta de algo.

No hay reproche, no hay desgaste.

No hay nada que permita señalar y decir:

“aquí se rompió”.

 

Puede haber cariño,

respeto,

cercanía…

y aun así saber

que no estás en el sitio correcto.

 

Cuando lo entiendes,

aunque hayas tardado,

ya no se va.

 

Podríamos haber seguido.

Sin grandes cambios.

Seguramente bien.

 

Pero también habría sido

quedarnos por costumbre

alargando algo

que ya no estaba completo.

 

Hay vínculos que no se tocan.

Ahí no hay dudas.

 

Y lo demás

sigue teniendo su lugar.

 

A veces no se trata de romper,

sino de reconocer que algo

ya no está donde estaba.

 

Y seguir como si nada

no cambia lo que hay.