Siento que algo se resbala de mí
cada vez que escucho tu nombre.
Y aunque ya no es tristeza
como lo solía ser,
siento que estoy perdiendo algo…
algo de una promesa
que me hice a mí mismo,
pero de la que, de alguna forma,
ya no me importa desprenderme.
Espero que no vuelvas a llorar.
Espero jamás tenga que ver
ese rostro que adoraba tanto
cubierto de lágrimas,
porque incluso después de todo,
seguiría siendo una imagen
que me rompería el alma.
Te deseo una vida larga, tranquila y amorosa.
Y aunque al pasar de los días
verdaderamente estoy perdiendo
los sentimientos que antes tenía por ti,
también extraño
a la versión de mí
que se moría por besar tus manos.
Pero, ¿sabes?
Al menos ya no soy esa misma persona…
la que entró en tu vida
creyendo haber encontrado
lo que llevaba tanto tiempo buscando.
Al principio sentía tu corazón
tan cerca del mío,
pero con el tiempo
comenzó a sentirse cada vez más distante.
Vi la forma en que ibas cambiando poco a poco,
cómo tu boca mentía
mientras tus ojos todavía brillaban
llenos de ternura y verdad.
Y realmente no puedo evitar preguntarme:
¿Qué hice mal yo?
Porque, a pesar de todo mi avance,
de todo lo que siento que me he desapegado de ti…
todavía tengo miedo
de hacer cualquier cosa que me pidas.