Desde que llegaste a mi vida
el mundo dejó de sentirse vacío.
Las noches ya no fueron tan frías
y el silencio dejó de dolerme tanto.
Fue como si alguien hubiera encendido una luz
en medio de todos mis inviernos.
Llegaste tú…
con esa manera tan tuya de sonreír,
de mirarme como si todavía existiera algo bueno en mí,
como si mi corazón cansado
todavía mereciera ser amado.
Y desde entonces
hasta el aire cambió de sabor.
Ahora despierto pensando en tus ojos,
en la curva perfecta de tu risa,
en la forma en que tu voz
acomoda mis tormentas.
Porque tienes ese don extraño
de calmarme el alma
sin siquiera tocarme.
No voy a prometerte un amor eterno,
porque la eternidad le queda pequeña
a esto que siento por ti.
Lo nuestro no se mide con relojes,
ni con años,
ni con promesas escritas al viento.
Lo nuestro se mide
en la necesidad que tengo de ti,
en cómo te extraño aunque estés cerca,
en cómo mi pecho se acelera
cada vez que rozas mis manos.
Te amo de una forma desordenada,
real, intensa…
como aman las personas
que han sufrido mucho
y aun así se atreven otra vez.
Porque contigo aprendí
que el amor no siempre tiene que ser perfecto
para sentirse infinito.
A veces basta una mirada tuya
para hacerme olvidar el cansancio del mundo.
A veces basta tu abrazo
para que todo deje de pesar.
Y entonces entiendo
que no necesito riquezas,
ni suerte,
ni siquiera tener todas las respuestas.
Porque mientras tú estés conmigo,
mi vida encuentra sentido.
Eres mi calma cuando el miedo aparece,
mi pensamiento favorito en las madrugadas,
la razón por la que sonrío sin darme cuenta.
Eres ese lugar
al que siempre quiero volver.
Si supieras cuántas veces
he hablado de ti con la luna…
cuántas noches le conté
que tengo miedo de perderte,
porque amarte se volvió tan necesario
como respirar.
Y sí…
a veces soy complicado.
A veces el orgullo me gana,
a veces me equivoco,
a veces no sé expresar todo lo que siento.
Pero jamás dudes de esto:
mi corazón te pertenece.
Porque desde que llegaste
mi alma dejó de caminar sola.
Desde que llegaste
hasta las heridas comenzaron a sanar.
Desde que llegaste
descubrí que el amor puede sentirse
como un incendio bonito
del que nadie quiere escapar.
Y si algún día me preguntas
qué eres para mí,
no voy a darte respuestas elegantes.
Voy a mirarte a los ojos
y voy a decirte la verdad más simple
y más grande que conozco:
Eres la mujer
que convirtió mi vida
en el lugar donde siempre quise estar