Roberto Bardecio Olivera

\"SOLO YO, MI LÁPIZ Y UN PAPEL\"

\"SOLO YO, MI LÁPIZ Y UN PAPEL\"

Solo yo en las penumbras de mi dormitorio.
Afuera la noche, las estrellas y el silencio.
Y yo, en ese armonioso silencio, guiado por no sé qué misteriosa fuerza, tomo mi lápiz y, envuelto por mis pensamientos, voy al encuentro de esa hoja que, apoyada en mi mesita de luz, me aguarda para ser la receptora secreta de ellos. 
Sí, ahora solo yo, mi lápiz y un papel, nos transformamos en los personajes de esa vida que pasó y aún anhelo. 
Mi lápiz, como atraído por ese papel aún vacío, se posa sobre él y, tal cual angelical bailarín, comienza a danzar trazando letras que en palabras van convirtiéndose para ir forjando una historia. 
Y así ese lápiz en mi mano, poseído por una fuerza extrañamente invisible, comienza a volcar mis ideas locas y que son deseos de cómo quisiera y quiero que haya sido y sea mi vida. 
Recordamos en frases ordenadas el pasado ya lejano pletórico de sueños, que muchas veces se hicieron realidad y otras simplemente se quedaron guardados en ese rincón oculto de mi cerebro y nunca pudieron ver la luz de la realidad. 
Mi lápiz continúa y el papel sigue ofreciéndose totalmente para que él pueda seguir volando sobre recuerdos y hermosas vivencias que, como a veces sucede, fueron frustraciones que hicieron y hacen al cotidiano tránsito por el camino de esta mortal vida.
Y así recorremos mi juventud, mi madurez, con metas alcanzadas y amores que quedaron en el camino sin llegar a florecer. 
Paseamos por las veces que dije sí al amor y a los retoños de nueva vida que de él surgieron: mis hijos. 
Y llegamos al hoy, a este presente de soledades y deseos no cumplidos y que en esta madurez reflexiva, extrañamos y valoramos cada vez más. 
La compañía de una pareja, el amor que deseamos y la pasión que de él surgiría si se transformará en querible realidad. 
Y mi lápiz se detiene y la hoja, receptáculo de lo escrito, a la espera espectante de más palabras, de más pensamientos... 
Pero no, sólo yo quedo envuelto en el silencio, sin entenderme muchas veces, pero siempre esperanzado por lo que pueda venir. 
Sólo yo sin saber qué me depara el tiempo que me queda por transitar en esta vida... 
Y mi lápiz aguarda y el papel, ese papel que recibió mis locos pensamientos, puntos suspensivos estampa en él y en esa historia de vida y de un escribir inconcluso, que quizás también yo y mi lápiz quisiéramos seguir contando... 

Roberto Bardecio Olivera
(12/5/2026)