De poco sirve
torcer mis pasos.
Doblar cualquier esquina,
y caminar al sur
del recuerdo caído
de nuestros bolsillos.
Vos decís que todos los caminos
llevan a tu pueblo.
Yo en cualquier farola
encuentro una luna distinta
y cada noche una avenida
que invoca mis pasos.
Aquí voy y encuentro
remansos en cada charco,
encallo y dejo a mis pesares
beber de esa agua
luego arrastrarse de mis botas
como cintas mal atadas.
Todo pueblo
es demasiado grande,
cuando está vacío.
Pero los caminos
no se atreven a decir mentiras.
Y no estoy loco si creo,
digo y sostengo
que todos los caminos
me maldicen con tu nombre.