Kamar Oruga

La jaula

Nunca un intermedio, esta jaula pálida no conoce su péndulo, su arco, su rostro desmedido.

 

El brillo de la agonía, la dulce variación de la indiferencia y el acertijo.

 

No me des tregua, ahogame en lo ordinario y sublime.

 

Oblígame a saltar cada espejo, a combatir el sueño tormentoso. 

 

Que soy un poeta ordinario, un charco azul de promesas.

 

Saber que escudas ciegamente, que juegas de cielo a cielo, inocente espia atemporal.

 

Porque tu boca me encanta, sello de súplica, estómago de rosas.

 

Perdido entre las cenizas, en el reino más azul, más solitario.

 

(¿Sin nada más que un destello de alas, ningún retorno de fe, sólo un cristal, un fino cristal en su justa justicia, en su ocupada y rebelde conciencia?...)