¡Oh, amor!, sentir del alma
no siempre en sintonía con el cuerpo,
materia sexuada
que se rige por las normas del deseo,
rayo incesante preñado de energía
que baja de la mente,
ignoto firmamento,
convulsionando todo nuestro ser
hasta encontrar el centro,
y solo alcanzara su plena dimensión
cuando es de lo sublime complemento.
De lo contrario amar es un instinto,
un impulso fugaz,
solo es un verbo.
¿O acaso no es amor el albergado
por el anciano corazón de aquellos pechos
que la nívea escarcha de los años
apagó los vigorosos fuegos;
dejando apenas el rescoldo,
vestigio de un amor, amor sereno,
amor «cum laude»
orlado por las flores del respeto,
genuina sublimación del cariño,
colofón de un sentir que es sempiterno?
Pues en los anaqueles de su vieja memoria
guardaron de sus jóvenes vivencias
los más gratos recuerdos.
Ahora sus fúlgidas almas asiéndose a la vida,
se dedican el ramo de azahar de su ternura
cual elocuente ofrenda,
y la satisfacción que da el deber cumplido
será su mejor premio