Madre hay que espera
Madre hay en el mundo que espera.
Madre hay que no espera ya nada.
Yo soy las dos a la vez.
Te fuiste un jueves —o fue martes—.
Los días se me caen de las manos
como platos rotos,
como tu nombre que ya no responde.
Abrazo el aire donde estuviste.
El hueco exacto de tu cuerpo.
La forma del hijo que no vuelve.
Me han traído una bandera.
Como si la tela pudiera llenar
veintidós inviernos sin tu silla.
Tu hermano ha vuelto,
con tu muerte en los ojos.
Vuelve sin volver del todo.
Plancho tu camisa los domingos.
La doblo. La guardo.
¿Para qué? No sé.
Las manos de madre no saben detenerse.
Dicen: “Murió por la patria”.
Y yo digo: ¡Qué sabe la patria de partos!
De fiebres a las tres de la madrugada.
De rodillas rotas.
La patria no te dio la leche. Esa fui yo.
Pongo tu plato en la mesa.
Mis manos no entienden.
Te esperaré hasta que se me acaben los huesos.
Porque madre hay
que espera.
Aunque no haya nada.
Aunque.
Autor
Nelly Cevallos-Liora
© 12 de mayo al año 2026