Aciagas noches, llenas de sinuosas sombras que se arrastran por el cuarto
En donde el vacío sofocante de mi alma clama por clemencia
Pido a Dios, pero Dios no contesta: no está, no existe más
Deseo sentir... mas solo hallo vacuidad,
Esta ausencia eternamente presente … mi nuevo Dios
Abrazo mi destino y me disuelvo, lento, en la sombra de mi propia nada.