Laura Cabrera \"La dolida\"

Palmera Perdida

Crecí mirando el sol sin miedo, con raíces profundas y el corazón abierto hacia la lluvia.

Amar era natural para mí.

Daba sombra,

daba calma,

daba frutos incluso en temporadas secas.

Y cuando lo encontré, incliné mis ramas hacia su orilla creyendo que el amor también consistía en acercarse.

Pero él comenzó a mirarme como si mi ternura pesara demasiado.

Decía necesitar espacio,

aire,

silencio…

Mientras yo me desprendía hoja por hoja intentando no incomodarlo con mi existencia.

No entendía cómo alguien podía sentirse asfixiado por un amor que solo quería abrazar.

Hasta que el viento me lo dijo una noche:

“No todos saben descansar bajo una palmera.”

Entonces dejé de luchar contra el mar.

Me arranqué de aquella tierra donde me estaba secando por dentro y me lancé sola al océano.

Fui isla.

Fui tronco flotando entre tormentas.

Fui raíces aprendiendo a nadar.

Y dolió.

Dolió amar tanto a alguien que veía prisión donde yo estaba construyendo hogar.

Durante muchas noches me dejé llevar por corrientes oscuras, mirando estrellas lejanas para no olvidar quién era.

Hasta que el mar, lentamente, me devolvió a mí.

Volví a mi isla.

A mi silencio.

A la tibieza del sol sobre mi corteza.

A las madrugadas tranquilas donde nadie me pedía hacerme más pequeña para sentirse cómodo.

Y aquí sigo.

Bailando con el viento, mirando el firmamento abrirse sobre mis ramas, aprendiendo que también existe amor en quedarse con una misma.

Porque yo no nací para marchitar rogando agua en desiertos ajenos.

Soy la palmera que ama intensamente; que se rompe en silencio.

La que se aleja cuando deja de sentirse hogar.

Y aunque alguna vez me perdí en el mar, las palmeras como yo siempre encuentran el camino de regreso hacia su luz.