Ámame
cuando la noche caiga
y me alcance.
En esos inviernos largos
que ocupan mis mañanas.
Escucha también lo que callo.
Avanza junto a mí,
al ritmo de este tiempo torcido,
como ese vals
que nunca bailamos.
Mientras, yo te amo en tus pausas,
en esa simpleza tuya
que me acaricia el sueño.
Que la vida pase
mientras pescamos.
Y aunque el frío arrecie,
bailemos sobre estas montañas quietas.
Sigamos juntos
en nuestra danza extraña.
Acompáñame
solo un poco más.
Finjamos otra vez la boda,
nuestro vals inventado:
ahora más lento,
más pesado,
con otros sueños
y nuevas páginas
en el álbum.