Probablemente necesitaba un abrazo,
pero me quedé callada.
Me escondí en el silencio,
me aislé por un momento,
sequé mis lágrimas
y volví a guardar el dolor
donde nadie pudiera verlo.
Callé tantas emociones
que un día dejaron de tener nombre,
y ahora solo queda este nudo
atorado en la garganta,
pesando más que las palabras.
No pedía mucho…
solo una mano,
un apoyo sincero,
un consejo en medio del caos,
alguien con quien reír
sin tener que fingir quién soy.
Alguien que se quedara,
que escuchara mis silencios,que caminara conmigo
mientras aprendíamos a sostener
nuestros sueños rotos
sin soltarnos mutuamente.