Rafael Blanco López

Lo que queda de la tarde

La lluvia cae lenta sobre los techos tibios de la tarde, y las calles guardan el eco húmedo de los pasos.

 

En una ventana alguien riega una planta como si todavía creyera que el mundo puede salvarse con un poco de agua.

 

Las montañas miran en silencio.

 

No juzgan.

 

Solo permanecen, antiguas y verdes, mientras nosotros corremos detrás de relojes que nunca nos alcanzan.

 

Yo también corrí con los bolsillos llenos de ruido, con palabras rotas, con miedo de detenerme.

 

Pero esta noche el viento entra despacio y mueve las cortinas como una mano tranquila.

 

Entonces entiendo algo mínimo: la vida no era la meta, sino este instante breve en que respiro y el cielo, allá arriba,  todavía arde de azul.

 

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Rafael Blanco López 

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