Cuando el viento juegue con tu cabello, enredándose en tus mechones como alguna vez lo hicieron mis dedos, acuérdate de mí y de la suavidad de aquellos instantes.
Cuando el sol acaricie tu rostro con su luz cálida al amanecer, siente en ese calor el eco de mis manos y, por un segundo, piensa en mí.
Si lees un poema o un verso perdido que logre conmover tu alma, considera que puede ser que yo lo escribí volcando mi corazón en el papel, pensando siempre en ti.
Cuando se te escape una sonrisa sin motivo aparente, deja que ese brillo sea un puente hacia el pasado y recuérdame con la misma alegría que compartimos.
Deseo con fervor que los bellos momentos que vivimos juntos queden grabados en tu memoria con una fuerza inquebrantable, eternos como la espada en la roca.
No permitas que el tiempo erosione lo que fuimos; no permitas que nuestra historia, por breve que haya sido, quede sepultada en el frío olvido.
Permíteme contarte lo que yo guardo en mi recuerdo como un tesoro sagrado.
Aquel día conocí a un ángel que caminaba sobre la tierra; conocí a la mujer más hermosa que ha existido, cuya luz eclipsaba todo lo demás.
Por un momento fugaz, creí que mis ojos me engañaban, pues no parecía posible encontrar a un ser tan divino moviéndose entre nosotros los mortales.
Cuando te escuché hablar por primera vez, mi atención se colgué sobre cada una de tus palabras, pero fue cuando te reíste, con esa melodía cristalina, que quedé irremediablemente ligado a ti.
Nuestra historia se consumió en un lapso vertiginoso de 24 horas; todo ocurrió con la velocidad de un suspiro. Si no me falla la memoria, todo comenzó con la sencillez de una taza de café y culminó en la intimidad de una vela prendida, con mis sábanas desordenadas en el suelo. Todo lo demás, los detalles que solo nosotros conocemos, lo he guardado bajo llave en el baúl de mi alma.
De vez en cuando, solo te pido ese pequeño gesto: que te acuerdes de mí. Que de vez en cuando pronuncies mi nombre en un susurro, en medio del silencio, para que el viento recoja tu voz y la haga llegar con su aliento hasta cualquier rincón del mundo donde me encuentre en ese momento.