Es mi madre tan querida,
un angelito del cielo,
ese brillante lucero
que me ilumina y me guía;
aún recuerdo a esa amiga
que con lenguaje sereno
o con valioso silencio
era voz sabia y bendita;
ahora sé por qué te fuiste
a ese refugio azul:
para poder apoyar
a tus hijos, ya lo dije,
porque solamente tú
siempre estás dispuesta a amar...