José Luis Barrientos León

Lo que ella quiere.

 

Ella no pide el cálculo del náufrago ni el paso medido,

quiere la entrega pura, sin mapas ni relojes,

un amor que no sobrepase el borde del abismo

pero que le enseñe, al fin, dónde duerme la alegría.

 

Acércate con el silencio de las raíces,

para calmar su tormenta y dejala descansar en tu pecho;

que tu sonrisa sea la seda que limpie sus lagrimas

y el ungüento que cierre las grietas de su soledad.

 

Pide tiempo, no el oro de los días, sino el aire,

un espacio ancho como el mar para que ambos respiren,

un rito de cuidarse, de ser nido y ser ala,

mientras el verbo amar se vuelve oficio de artesano,

amar, armar la vida, amarte a ti, amor mío.

 

Quiere el hueco de tu sombra y el fuego de tu herida,

que le cuentes el dolor para que deje de ser tuyo,

y así, quererte tanto que su pasión se encienda

como una hoguera ciega en mitad de la noche.

 

Déjala amarrada al territorio de tus besos,

allí donde tu sabor se vuelve éxtasis en su paladar;

que tu risa sea el escudo, el muro de tu latido,

donde ella se sienta, por fin, a salvo del mundo.

Porque el amor no es medida, es este tiempo lento,

este amar tu amor, amar su amor, y en el centro,

simplemente, respirar.