Te amé
como una ecuación sin resolución real,
como un número imposible
escrito en la pared de un sueño.
Entre nosotros
había teoremas,
distancias euclidianas,
ángulos muertos
y una geometría rota
por la lluvia.
Yo intentaba demostrar tu existencia
con fórmulas inútiles,
pero tú eras variable salvaje,
un infinito escondido
dentro de otro infinito.
A veces pienso
que fuimos dos líneas paralelas
soñando con cruzarse
en algún error del universo.
O quizá
solo fui un cálculo equivocado
en la memoria secreta de Dios.
Daniel Omar Cignacco © 2026