El calor del espíritu perdura
en sueños de amargura,
y la piel grita.
Llora el alma sin castigo y con culpa,
con dolor y sin perdón;
pero, aun así, la muerte la acompaña.
Hay cierta belleza en las flores de otoño;
sin embargo, el crisantemo se marchita en invierno
y el girasol muere lentamente,
porque la angustia se vuelve eterna.
Mi epidermis se desprende.
El licor que emana de mis labios llora,
y el día se convierte en el canto
que no enamora.