Bajo el peso de lo que no fuimos, somos y seremos,
mi pulso todavía persigue tu recuerdo.
Tú, rastro de luz, vuelve a mirarme como antes;
despójate del silencio y encuéntrame.
Aparécete de nuevo, no te ocultes en la sombra.
Llegará el día en que mis ojos te reclamen
y, esa vez, no habrá forma de soltarte.
Seré para ti el eco de tu propia entrega.
Amor idealizado eres,
suceso imprevisto fuiste,
pero siempre serás, en mi verdad,
mi primer amor real.