Jesús Ángel.

Cataratas de ouzoud, Marrakech.

 

Y así, desde las cataratas de Ouzoud, como si del mismo paraíso se tratara,

 

se abre un cielo despejado, conquistado a fuerza de profundidad, corazón y coraje.

 

Y con la maleta colmada de lo que ya es un milagro, antes de volar a Cantabria, recuerdo, hoy como siempre:

 

suma, enfrenta y sigue...

no como consigna, sino como pulso y equipaje.

 

Y así, aquí, en Marrakech, en Cantabria o en cualquier lugar del mundo, con o sin ruido, mejor despierto, activo y consciente...

 

porque la vida al fin, no deja de ser arte.