Y así, desde las cataratas de Ouzoud, como si del mismo paraíso se tratara,
se abre un cielo despejado, conquistado a fuerza de profundidad, corazón y coraje.
Y con la maleta colmada de lo que ya es un milagro, antes de volar a Cantabria, recuerdo, hoy como siempre:
suma, enfrenta y sigue...
no como consigna, sino como pulso y equipaje.
Y así, aquí, en Marrakech, en Cantabria o en cualquier lugar del mundo, con o sin ruido, mejor despierto, activo y consciente...
porque la vida al fin, no deja de ser arte.