Partículas de alguien
cayendo sin cesar por nuestros hombros.
No hay que desear perderse entre la gente.
Hay que querer seguir formando parte.
Sentir el frío calar sin fin, por esas grietas.
Siempre volvemos a los ojos de antes.
Volvemos a las plazas arcaicas
y a los lagos con sus rías y sus desagües.
Y entonces entendemos,
que ya no están presentes
los momentos de alguien.
L.G.